Será que el cacao vuelve a subir, y el chocolate entra en una nueva etapa de incertidumbre?
- Lourdes Paez

- 8 jul
- 7 min de lectura
Durante décadas, la industria mundial del chocolate funcionó sobre una premisa cómoda: el cacao era un ingrediente relativamente barato, abundante y disponible. Eso se acabó. La crisis de precios de 2024 no fue un accidente aislado, sino una señal de algo más profundo: el cacao se ha convertido en una materia prima volátil, cara y cada vez menos predecible.
Al 8 de julio de 2026, el cacao volvió a ubicarse alrededor de los USD 6.000 por tonelada, con una subida de más del 54% en apenas un mes, aunque todavía lejos del récord histórico de casi USD 12.900 alcanzado en diciembre de 2024. Esa cifra es clave: aun cuando el precio haya bajado desde el pico extremo, sigue estando muy por encima del rango histórico de USD 2.000 a USD 3.000 por tonelada que dominó buena parte de la década anterior.
El problema no es solo que el cacao esté caro. El problema es que se volvió imprevisible. Las lluvias excesivas en Costa de Marfil y Ghana, el riesgo de enfermedades como la mazorca negra, la posibilidad de un nuevo evento de El Niño y la especulación financiera están moviendo el mercado con una velocidad que ni las grandes empresas logran controlar del todo. Costa de Marfil y Ghana siguen siendo centrales porque África Occidental produce cerca del 70% del cacao mundial, pero esa concentración geográfica se ha convertido en una vulnerabilidad para toda la cadena del chocolate.
A la presión por el precio del cacao se suma otro factor que encarece el negocio del chocolate: la logística marítima. Las tensiones en el Estrecho de Ormuz han vuelto a recordar la fragilidad del comercio global, especialmente en los llamados “cuellos de botella” por donde pasan combustibles, contenedores y materias primas estratégicas. En los últimos días, algunas aseguradoras de riesgo de guerra han recomendado pausar viajes por esa ruta, mientras las primas de seguro para buques en la zona han subido de alrededor del 2% a casi el 3% del valor del barco, con posibilidad de llegar al 5%. Esto encarece fletes, seguros, combustibles y tiempos de tránsito.
Aunque el cacao no depende directamente de Ormuz como ruta principal de producción, sí se ve afectado por el efecto dominó: suben los costos de energía, transporte, empaques, fertilizantes y seguros. Para los procesadores de chocolate, esto significa una cadena más cara e impredecible. El problema ya no es solo pagar más por el cacao, sino moverlo, transformarlo y distribuirlo en un mundo donde cualquier crisis geopolítica puede terminar reflejada en el precio final de una barra, una cobertura, una bebida o una salsa de chocolate.

Las grandes empresas ya están cambiando la receta
Hershey, uno de los gigantes del chocolate en Norteamérica, muestra con claridad lo que está ocurriendo. La empresa ha subido precios para compensar el encarecimiento del cacao, pero eso no ha sido suficiente para evitar presión en márgenes. En el cuarto trimestre de 2025, su margen de confitería en Norteamérica cayó a 29,1%, una baja de 520 puntos básicos, golpeado por mayores costos de commodities, tarifas y menor volumen.
En abril de 2026, Hershey reportó una recuperación de resultados, pero el mercado sigue mirando la acción con cautela. Al 8 de julio de 2026, la acción de Hershey cotizaba alrededor de USD 174, con una capitalización cercana a USD 35.400 millones. Es decir: sigue siendo una empresa poderosa, pero el cacao ya dejó de ser un costo menor dentro de su modelo de negocio.
Mondelez, dueña de marcas como Cadbury, Milka y Toblerone, enfrenta un dilema parecido. En el primer trimestre de 2026, sus ingresos netos crecieron 8,2%, pero el volumen/mix cayó 0,5%; en chocolate, la presión fue más clara: la categoría creció en ventas por precio, pero tuvo una caída de 2,1 puntos porcentuales en volumen/mix. Traducido al lenguaje de mercado: venden más caro, pero no necesariamente venden más producto.
Mars y Ferrero tienen una ventaja: son empresas privadas. No tienen que explicar cada trimestre sus márgenes a Wall Street. Eso les permite tomar decisiones más largas: subir precios gradualmente, ajustar formatos, reformular productos y fortalecer programas de abastecimiento. Mars, por ejemplo, mantiene su estrategia “Cocoa for Generations”, enfocada en productividad, sostenibilidad e inclusión en el sistema cacaotero.
Ferrero, dueña de Nutella, Kinder y Ferrero Rocher, también opera desde una lógica de consumo masivo, aunque use un lenguaje de indulgencia y calidad. Sus productos no dependen únicamente del cacao: combinan avellanas, leche, azúcar, aceites vegetales, barquillos y rellenos. Esa arquitectura de producto le da más flexibilidad que a una empresa enfocada en chocolate puro.
Lindt & Sprüngli merece una lectura aparte. Aunque se vende como chocolate “premium”, en la práctica es una marca masiva de supermercado con gran poder de marketing. En 2025 creció orgánicamente 12,4% hasta CHF 5.920 millones, pero ese crecimiento vino principalmente por aumentos de precio de 19%, parcialmente compensados por una caída de volumen/mix de 6,6%. En otras palabras: Lindt facturó más porque cobró más, no porque el consumidor compró mucho más chocolate.
Y allí aparece una advertencia para toda la industria: incluso las marcas con imagen aspiracional empiezan a encontrar límites. En 2026, Lindt redujo su previsión de crecimiento de ventas de 6–8% a 4–6%, y sus acciones acumulaban una caída cercana al 15% desde marzo, camino a su peor trimestre bursátil en 17 años.
Barry Callebaut, el mayor procesador industrial de cacao y chocolate del mundo, es quizá el termómetro más sensible de la crisis. En el primer semestre fiscal 2025/26, sus volúmenes de cacao global cayeron 14,3% y los volúmenes de chocolate global bajaron 5,1%. La empresa advirtió que su beneficio operativo recurrente para el año fiscal caería en un rango de “mid-teens”, cuando antes esperaba crecimiento.
Para un inversionista, Barry Callebaut es una señal incómoda: cuando el mayor proveedor mundial de chocolate industrial vende menos volumen, no estamos viendo solo un problema de una empresa. Estamos viendo un ajuste de toda la demanda global.
Chocolate más caro, más pequeño y con menos cacao
La reacción de la industria ya está en marcha. Las grandes empresas están usando tres estrategias: subir precios, reducir tamaños y reformular.
Esto significa barras más pequeñas, más rellenos, más galleta, más wafer, más frutos secos, más crema y menos cacao por unidad vendida. Algunas marcas incluso están explorando sustitutos de manteca de cacao o coberturas sabor chocolate elaboradas con otras grasas vegetales. Blommer, uno de los mayores procesadores de Norteamérica, lanzó una alternativa más barata a la manteca de cacao usando ingredientes como palmiste y girasol.
El consumidor, sin embargo, empieza a reaccionar. En Europa y Norteamérica, el precio final del chocolate se ha mantenido alto incluso cuando el cacao bajó desde sus máximos. Esto ocurre porque muchas empresas compraron materia prima cara con anticipación, pero también porque una vez que el precio al consumidor sube, las compañías no tienen mucho interés en bajarlo rápidamente.
En Europa, los precios del cacao y chocolate en polvo subieron más de 16% interanual en mayo de 2025, según Eurostat. En Reino Unido, el chocolate llegó a registrar aumentos cercanos al 15% anual en 2025, mientras los consumidores gastaban más pero recibían menos producto.

Latinoamérica: oportunidad para agricultores, presión para procesadores
Desde América Latina, el panorama tiene dos caras. Para agricultores y exportadores de cacao en grano, el ciclo de precios altos puede ser una oportunidad. Ecuador es el caso más visible. Según Reuters, el país podría superar las 650.000 toneladas métricas de producción en la temporada 2026/27 y posicionarse como el segundo productor mundial, incluso por encima de Ghana. Además, los agricultores ecuatorianos reciben alrededor del 90% del precio internacional, muy por encima del 60–70% típico en África Occidental.
Pero esa es solo una parte de la historia. Para quienes procesan cacao —chocolateros, fabricantes de coberturas, bebidas, salsas, bombonería, pastelería, heladería y productos para cafeterías— el precio alto no es automáticamente una buena noticia. Es, muchas veces, una amenaza directa al margen.
Brasil aparece como otro país a observar. Hay proyectos de gran escala que buscan transformar su producción cacaotera, como una finca de USD 300 millones en Bahía que apunta a elevar drásticamente la productividad. Ese proyecto ha atraído interés de Cargill, Barry Callebaut y Mars, lo que muestra que las grandes empresas ya están buscando diversificar su dependencia de África Occidental.
Argentina, en cambio, es más vulnerable desde el lado industrial e importador. Datos de comercio muestran que el precio promedio de importación de pasta de cacao pasó de USD 4.290 por tonelada en 2023 a USD 9.960 en 2024, y luego a USD 14.040 en 2025. Es decir, para una industria chocolatera que no produce cacao, el costo del insumo se multiplicó brutalmente.
Ecuador vive una paradoja parecida, aunque más compleja: es país productor, sí, pero no todos están del lado agrícola. Una empresa que compra cacao, pasta, cobertura o chocolate para transformarlo en productos de mayor valor agregado también sufre el alza. El agricultor puede beneficiarse del precio internacional; el procesador pequeño puede quedar atrapado entre materia prima cara, consumidores sensibles al precio y supermercados o cafeterías que no siempre aceptan aumentos.
La lectura de mercado: el chocolate barato se complica
Desde la perspectiva de un inversionista, el mensaje es claro: el negocio del chocolate masivo ya no es tan cómodo como parecía. Las grandes marcas todavía tienen escala, distribución y poder de negociación. Pero están enfrentando menor volumen, presión en márgenes y consumidores más cautelosos.
Las empresas mejor posicionadas serán las que puedan hacer una de tres cosas: cobrar más sin perder demasiados clientes, usar menos cacao sin destruir la percepción de calidad, o diversificar hacia otros productos donde el cacao no sea el centro del costo.
Para las pequeñas empresas, la conclusión puede ser aún más dura: el cacao ya no puede tratarse como un insumo estable. Quienes producen chocolate o derivados deben pensar en nuevas líneas, nuevos formatos y nuevas narrativas. No basta con amar el cacao. Hay que sobrevivir financieramente a su volatilidad.





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